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viernes, 20 de enero de 2012

Crítica del volumen integral de Favole


La desnudez de los símbolos
"Wir träumen von Reisen
durch das Weltall –
ist denn das Weltall nicht in uns?
Die Tiefen unsers Geistes kennen wir nicht –
Nach innen geht
der geheimnisvolle Weg.
In uns, oder nirgends
ist die Ewigkeit mit ihren Welten –
die Vergangenheit und Zukunft."
Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, Novalis

Traducción:Soñamos con viajes
a lo largo de la totalidad del mundo-
¿Y no está el mundo entero en nosotros?
No conocemos las profundidades de nuestro espíritu-
Hacia dentro va
el misterioso camino.
En nosotros, o en ningún otro lugar
está la eternidad con sus mundos-
el pasado y el porvenir.

Decía Picasso que el arte es una mentira que nos permite decir la verdad. Los símbolos arrojan a un mismo tiempo lo que representan en sí mismos, lo que figuran en un sentido estricto, y lo que quieren decir, la intención última de quien los conjuga. La reedición de la trilogía “Favole” en un solo volumen de la autora Victoria Francés nos sitúa como lectores ante una obra plagada de simbología, pero es ante todo una simbología estrictamente personal y sensible, quizás su incontestable éxito editorial se haya debido, a lo largo de estos años y de la superficie del planeta, a esa sinceridad suicida de la juventud en la que el arte es una reafirmación de la propia existencia, y en la que el maremagnum de influencias acaba por cristalizarse en lo que puede definirse vagamente como estilo, que no es sino acopio de todo aquello que el creador hace suyo para expresarse a sí mismo.

Y este es el caso de la ópera prima de la ilustradora valenciana. Favole es una obra que se ha ido construyendo a sí misma a lo largo de su proceso creativo.
La conjunción de contrarios es lo que subyace en la obra de Favole, y me atrevo a decir, a la totalidad de la obra de la ilustradora, la búsqueda de luz y esperanza en los parajes más oscuros y hostiles del alma. La estética romántica no es producto del azar o la moda, es simplemente el puente expresivo que se tiende entre la vida y la lámina, entre la autora y su obra, entre lo sensible y lo visible. Todos los personajes que aparecen en Favole, vampiros, vírgenes, ángeles, hadas, niñas enfermas, marionetas, ninfas, brujas y Sacha, el niño solitario, son criaturas condenadas en busca de su salvación. Seres que viajan a través de su soledad para encontrar la clave que resuelva su destino, seres que buscan sobreponerse a lo predeterminado y que en su singular viaje terminan por encontrarse los unos con los otros, o simplemente por mimetizarse con su propia tristeza y los lugares donde habitan. Favole es, ante todo, la historia de un reencuentro. Ezequiel, el vampiro, encarna la atracción masculina, la pasión desaforada, el olvido que deja en cada una de sus conquistas amorosas, la consciencia y la sed de un amor más grande que necesita en el fondo y que cada vez lo arroja más dentro de su propia soledad, de forma que sólo se puede expresar a través de la música, su violín.

Favole es lo eternamente femenino, lo frágil y a un mismo tiempo lo incansable, lo valiente, lo sensible, lo bello, la búsqueda desde el origen. No es de extrañar que Victoria se exponga a sí misma en las imágenes, encarnando esos valores, pues es precisamente el camino que estaba emprendiendo como creadora, la búsqueda de su obra, de su estilo, de su expresividad. De hecho Favole es el único personaje que acude a un reencuentro consigo misma en Venecia.
La obra se reafirma constantemente en las citas que abren los capítulos que van desde Bram Stoker, pasando por Stephenie Meyer y llegando hasta Bécquer, a modo de arcos de puente por los que hemos de transitar y a través de los cuales la autora nos abre la clave de sus intenciones e influencias más directas. Lo que puede parecer ornamental para ciertos lectores poco avezados, pero que sin duda es el homenaje más sincero que pueden hacerse los autores entre sí. La elección asimismo de los marcos narrativos, de los espacios, no es sino una predilección por los lugares donde suceden las grandes obras románticas de la historiografía literaria. Rumanía, Venecia, los bosques, los parajes nevados, la hojarasca y el mítico estanque donde la hermosa Ofelia yace sobre las aguas; del mismo modo que inconscientemente todos soñamos con nuestros lugares más amados y queridos o más aterradores y temidos, Victoria sitúa a sus creaciones en un fondo que no es casual en ninguna lámina, sino que se funde con lo que quiere transmitir en cada caso.

Favole es un excelente punto de partida estético para entender la obra de esta excepcional ilustradora, pero no es ni mucho menos su canto de cisne, no hay más que echar un vistazo a la evolución tanto técnica como narrativa de sus obras posteriores, que se adentran todavía más si cabe en ese mundo y simbología de los que siempre están al margen y en los que la difícil tarea de engarzar texto e imagen están muchísimo más depurados.
El éxito es en el caso de Victoria Francés bien merecido, más que nada por la valentía con que se ha desnudado el alma mediante su obra a través de la búsqueda de sus propios símbolos, y esa desnudez estética, esa sinceridad entre lo que se dice y quiere decirse, atrae estéticamente porque es inherente a todos los seres humanos, o lo que es lo mismo, es universal más allá de las perecederas corrientes estéticas.

Fernando José Palacios León

1 comentario:

Decker dijo...

Bueno bueno, lo que disfruto siempre que leo uno de tus artículos de crítica.